LA MIRADA DESDE EL EXTERIOR: LA UTILIDAD DE LAS EVALUACIONES EXTERNAS

por M. Begoña Arenas

9 de febrero de  2011

Son ya cerca de 8 años los que Scienter CID lleva haciendo evaluaciones externas.

Empezamos hace 12 años evaluando internamente proyectos Europeos (en el marco de programas como ADAPT allá por la edad de piedra; luego Leonardo, Sócrates y ahora Programa de Aprendizaje Permanente, entre otros) y esta actividad nos proporcionó el necesario bagaje metodológico para emprender evaluaciones externas.

Luego empezamos, con OMEPEI, a evaluar externamente proyectos en el marco de Interreg y del Fondo Social Europeo. Ya llevamos varios años y hemos evaluado proyectos tan interesantes como el enorme MA’ARIFA, el proyecto REDES INTERCULTURALES o el Observatorio Permanente Andaluz de las Migraciones, OPAM co-financiado por la DG de coordinación de Políticas Migratorias del SAE y el IESA-CSIC, entre otros.

La razón de escribir este post es hablaros un poco de mi experiencia: ¿para que sirve una evaluación externa? O mejor dicho, ¿Qué razones llevan a una determinada institución promotora de un proyecto en concreto a subcontratar una evaluación externa?… partiendo de la base de que las auditorías si que a veces son obligatorias pero las evaluaciones externas únicamente son “aconsejables o recomendables”, a mi humilde parecer, se pueden resumir en dos:

  • Requisito administrativo: para promotores que tengan un especial interés en adjuntar informes que dejen claro que se han interesado en que alguien de fuera estudie lo que han hecho y de fe de “lo bien que han hecho las cosas
  • Interés en hacer bien las cosas, en mejorar y aprender.

Siempre hay matices e instituciones que se sitúan en medio pero lo normal es o lo uno o lo otro. Escribo este post no para criticar a nadie sino para todo lo contrario: ambos objetivos son lícitos y si me apuran, ambos son útiles y se pueden complementar a las mil maravillas…

Yo soy de las evaluadoras del tipo que creen que lo mejor que te puede dar una evaluación externa, es otra visión de tu realidad, plantearte preguntas que nunca te hubieras hecho y obtener una perspectiva distinta de lo que haces.

Benjamin Franklin decía, “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, implícame y lo aprendo”, y eso es lo que yo le pediría a una evaluación externa: no me entregues un informe ni me quieras dar lecciones magistrales: hazme tomar parte de tu trabajo y habremos sacado, los dos, promotor y evaluador, lo mejor de nuestro trabajo y de nosotros mismos…

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